La firmeza de la piel

La firmeza de la piel

Con el paso del tiempo la piel pierde esa firmeza que la caracteriza, con un efecto parecido a la tela elástica de un traje de baño, que con el uso constante se torna más flojo y no tiene la misma sujeción.

Las fibras conectivas (el Colágeno y la Elastina) son las responsables de mantener la piel elástica y sin arrugas y con el paso de los años la producción natural de ambos desciende.

La estructura de soporte de la dermis empieza a caerse y, al hacerlo, forma arrugas en la piel.

La reducción en la producción de lípidos causa que la barrera de la piel sea más delgada y débil.

La reducción en la producción de aceites causa zonas irregulares resecas en nuestra piel.

Si bien sabemos que la edad produce arrugas. Pero, ¿qué pasa realmente dentro de la piel que envejece? Imagina que tu traje de baño favorito se cae dentro de un agujero negro en tu guardarropa. Años después, cuando lo vuelves a encontrar, ha perdido su forma y ha dado de sí en todas las partes más reveladoras. Al igual que a las fibras de licra de tu viejo traje de baño, la firmeza de las fibras de tu piel ha desaparecido.

¿Porqué pasa ésto?

El Colágeno y la Elastina producidos por los fibroblastos son las principales fibras conectivas que mantienen la piel elástica y sin arrugas. Se mantienen bien mientras somos jóvenes (la piel juvenil tiene una buena cantidad de Colágeno), pero a medida que envejecemos, la regeneración de nuestro Colágeno natural toma más tiempo. El Colágeno remanente se endurece en un proceso llamado glicación y ocasiona que nuestra piel pierda la capacidad de recuperar su firmeza original.

La poca cantidad de colágeno que se produce ahora tiene fibras más cortas, lo que causa que los fibroblastos se desorganicen. Eso a su vez ocasiona que la estructura interna de soporte de la dermis (la Proteína y la Elastina) se venga abajo. Poco a poco, nuestra piel pierde la capacidad de recuperar su forma. Esto se manifiesta externamente en forma de arrugas y piel flácida.

Los lípidos conforman la piel. Como producimos menos lípidos a medida que envejecemos, la piel se vuelve más delgada y débil. A causa de esta piel más delgada, la epidermis retiene menos humedad y se vuelve más propensa a la resequedad, la comezón y la irritación.

Que nuestra piel produzca una menor cantidad de aceites podría no sonar tan mal. (¡Por fin se acabaron los problemas de la piel grasa!) Pero la desventaja es que, con una menor producción de aceites dentro de las capas de la piel, la superficie externa puede resecarse tanto que empezarás a notar zonas resecas. Es en ese momento que nuestra rutina antienvejecimiento para el cuidado de la piel cobra aún más importancia. La idea no es solo mantener una piel que se vea y se sienta suave por fuera, sino que esté saludable por dentro.

Cubrir las necesidades cotidianas de la piel

Es necesario nutrir la piel cada día para conservarla firme y tersa. De hecho, los diferentes tejidos cutáneos tienen muchas necesidades. Por ejemplo, es indispensable un aporte de vitaminas, minerales y aminoácidos para la formación de fibras de colágeno y elastina. Cabe recordar que esas dos fibras proteicas tienen un papel clave en la estructura de la piel, porque confieren su elasticidad, firmeza y resistencia.

Una carencia nutricional también puede tener repercusiones importantes en la calidad de la piel. Para evitarlas, podemos complementar una alimentación sana y equilibrada con suplementos nutricionales. Es decir añadir algún multivitamínico, que aporte un concentrado de vitaminas y minerales en una sola cápsula. Tampoco podemos descuidar la hidratación de las células cutáneas. Para esto, podemos optar por la aplicación de una crema hidratante de manera regular que hidrate la piel en profundidad.

Protege la piel contra los daños del estrés oxidativo

La distensión cutánea también se puede controlar enfrentándose al envejecimiento prematuro de las células de la piel. Para esto, tenemos que luchar contra el estrés oxidativo, fenómeno conocido por causar numerosos daños celulares. Algunos factores que pueden favorecer el estrés oxidativo y, por consecuente, el envejecimiento prematuro de la piel, son los problemas cotidianos, la contaminación ambiental, la explosión masiva de rayos ultravioleta (UVA), la mala alimentación…

Afortunadamente, se han identificado potentes antioxidantes naturales para combatir el estrés oxidativo. Entre ellos encontramos varios polifenoles derivados de plantas como el resveratrol de uva, el galato de epigalocatequina (EGCG) del té verde o la curcumina de la cúrcuma. Estos antioxidantes naturales, que están presentes en la formulación de algunos complementos alimentarios como la fórmula participan en la protección de la piel luchando contra la oxidación y el envejecimiento de las células cutáneas.

Lucha contra la glucación

El envejecimiento prematuro de la piel también puede deberse a la glucación. Aunque este mecanismo sea menos conocido que el estrés oxidativo, la glucación puede tener un impacto importante en la piel. Los investigadores señalan que la glucación de las fibras de elastina y colágeno acelera la pérdida de elasticidad y tersura de la piel.

Así pues, luchar contra la glucación es una apuesta clave para evitar la flacidez cutánea. Por esto, podemos utilizar la carnosina, un péptido conocido por su acción antiglucación. La carnosida puede formarse dentro de nuestro organismo durante la digestión de alimentos ricos en proteínas, pero también se puede obtener a través de algunos complementos alimentarios.

Haz ejercicio para fortalecer la piel

La piel puede perder firmeza debido a diferentes razones. Antes hemos mencionado al estrés oxidativo y la glucación como causas del envejecimiento celular prematuro. En cualquier caso, hay otras explicaciones para la distensión cutánea, como la inactividad física y la pérdida de peso. Después de un largo periodo de inactividad o un tratamiento adelgazante, a menudo que la piel queda flácida.

Para conseguir una piel firme y tersa, los especialistas recomiendan la práctica de actividades físicas. Hay deportes que son conocidos por su acción tonificante y reafirmante. Es el caso de la natación, que tiene la ventaja de movilizar todas las partes del cuerpo: los brazos, los muslos, las caderas, el vientre… También se consiguen resultados eficaces con ejercicios de fitness o de musculación. Estos tienen una buena acogida, ya que reafirman la piel después de una pérdida de peso o un largo periodo de inactividad.

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